CULTURAS PRECOLOMBINAS DE COLOMBIA


Culturas Precolombinas de Colombia

"Lo que los indígenas colombianos nos pueden enseñar no son grandes obras de arte arquitectónico, escultural o poético, sino son sus sistemas filosóficos, conceptos que tratan de la relación entre el hombre y la naturaleza, conceptos sobre la necesidad de la convivencia sosegada, la conducta discreta, la opción por el equilibrio."

En el territorio que hoy conforma la República de Colombia habitaron un amplio número de culturas precolombinas, la mayoría de ellas con un elevado desarrollo socio-cultural y una buena adaptación a su entorno. Sin embargo, a pesar de su adelanto, la gran mayoría de ellas desapareció, dejándonos solo muestras arqueológicas de su grandeza.

En está sección se exploran los aspectos más destacados de las principales culturas indígenas precolombinas de Colombia, haciendo una descripción de los aspectos de cada cultura. Para acceder a la información selecciona la cultura que desees conocer en el listado.

En Colombia como en casi todo el territorio Americano, la aparición de la agricultura produjo una transformación socioeconómica en los grupos indígenas, propiciando en muchas comunidades un cambio fundamental: se pasó de una sociedad tribal igualitaria, a pequeños Reinos, en los cuales comenzó a aparecer cierta diferenciación social, sin existir aún la propiedad privada. Este nuevo tipo de organización se conoce como Cacicazgo y en la mayoría de las regiones colombianas se prolongó hasta la llegada de los europeos.

Dentro de este marco se dio el surgimiento de algunas comunidades indígenas sobre otras. A esas comunidades se les conoce como las Culturas Indígenas Precolombinas, que en Colombia fueron conformadas por varios grupos importantes, como la Cultura de Nariño, Cultura de Tierradentro, y los Pijaos.

Debido al escaso desarrollo de las fuerzas productivas (técnicas de trabajo y herramientas) casi toda la población de estos grupos tuvo que dedicarse a la agricultura para producir su alimento y poder subsistir.

Sin embargo estas culturas se destacaron por otros logros, ya que además de agricultor el individuo perteneciente a estos grupos era ceramista, tejedor, orfebre; es así que son algunas de sus obras el legado que nos dejaron y describen su estilo de vida.

Los hallazgos arqueológicos en Colombia confirman que los grupos indígenas de esta zona fueron los mejores orfebres de la América precolombina , tanto en la técnica como en la calidad artística.

Cultura Precolombina Calima

La cultura calima, es un conjunto de antiguas culturas que habitaron el departamento del Valle del Cauca y que no cohabitaron de manera simultánea. Las excavaciones , estudios y hallazgos de piezas de orfebrería y cerámica indican que la región estuvo densamente poblada y que fue un importante centro de orfebrería, puesto que sus habitantes conocieron avanzadas técnicas para el trabajo del oro. Según parece, el fácil acceso al Valle del río de Cauca y a la costa pacifica, convirtió esta región en centro de intercambio indígena.

Las más recientes investigaciones arqueológicas han demostrado que no hay una cultura Calima uniforme sino una correspondencia de varias culturas sucesivas que tenían su propia tecnología, estilo artístico y modo de vida, que se conocen hoy como los periodos culturales de Llama, Yotoco y Sonso.

Esto explica la diversidad de influencias culturales que se perciben en esta cultura , cuya cronología no se ha establecido con claridad. En la región existe un gran numero de terrazas, sobre las cuales se construyeron viviendas. También se encuentran dibujos grabados sobre rocas un gran número de tumbas de pozo, en las cuales depositaban los cadáveres junto con sus pertenencias, especialmente cerámica y piezas de orfebrería.


Ubicacion de la cultura Calima - La cordillera Occidental de los Andes colombianos presenta sobre las poblaciones vallecaucanas de Restrepo-Darién una depresión por donde se llega bajando hacia el océano Pacifico, a una amplia llanura entre los ríos San Juan al Norte y el Dagua por el Sur. La cruza, serpenteando el río Calima y está cubierta de alta selva tropical que paulatinamente se va convirtiendo en los manglares de la costa cruzados por múltiples canales.

La región Calima está ubicada en las estribaciones altas de la cordillera occidental, en la zona central del departamento del valle del cauca, con una altura promedio de 1.500 m.s.n.m. Es una región caracterizada por suaves colinas, abundante agua y un clima templado que abarca los municipios de: Restrepo, Calima-Darién y, de manera parcial, Yotoco y Vijes.

A mediados del siglo XX esta región se abrió a la colonización; los arados de los labradores y las palas de los guaqueros descubrieron un gran número de tumbas de una cultura de características singulares que es llamada de los Calima, la cual en sus monumentos lleva trazos inconfundibles de la familia caribe y también afinidad con los quimbaya.
Justificar
Vasija de Ceramica Calima - Las antiguas sociedades que habitaron esta región tenían territorios más amplios de los que se les atribuyen actualmente, pero según las evidencias arqueológicas, los Calimas vivieron en el lugar donde primero se rescataron sus rastros culturales y donde está el mayor número de sitios de excavación. De hecho, el poblamiento de la zona se remonta a principios del holoceno, es decir, alrededor del 8.000 antes de Cristo, cuando la región estaba habitada por grupos pequeños que vivían de la caza y la recolección de plantas y frutos silvestres.

Los rastros de la primera sociedad de cazadores y horticultores incipientes, a la cual todavía no se le ha dado nombre, indican que se encontraron en la región Calima a lo largo de seis mil años, hasta finales del tercer milenio antes de Cristo. Las tres sociedades agro-alfareras que ocuparon sucesivamente la región se distinguen por nombres arbitrarios impuestos por los arqueólogos. Las más recientes yotoco y sonso, recibieron sus nombres de lugares situados en la parte plana del valle del río Cauca, cerca de los cuales se localizaron por primera vez sus restos estratificados. Se trata de sitios habitados primero por los portadores de la cultura yotoco sobre los cuales se encontraron los rastros de la cultura sonso, lo que indica la secuencia cultural ya mencionada.

Los términos yotoco y sonso son términos indígenas que sobrevivieron a la época colonial. Ilama, era el nombre de un pueblo de territorio sonso que en 1.552 se encontraba bajo el mando de un cacique de nombre “Bonba”.

Vasija Calima periodo YotocoHasta donde se ha podido investigar, y con grandes lagunas de conocimiento debido a múltiples saqueos de tumbas y restos arqueológicos, las sociedades ilama y yotoco tuvieron muchos rasgos comunes.

En la cerámica se presentan similitudes de formas, como la vasija con cuerpo globular y cuello invertido y la vasija de doble vertedera y asa puente, llamada popularmente alcarraza. En la orfebrería de ambos periodos también se encuentran diversos objetos de tamaño considerable elaborados en oro de buena ley con técnicas de martillado y repujado. En las tumbas, una de las variadas formas yotoco, recuerda las del periodo ilama.

Sin embargo, también hay diferencias importantes. Los objetos de oro son mucho más comunes en el periodo yotoco y presentan una gama de técnicas más amplia, que permitió elaborar piezas espectaculares. Los alfareros del yotoco dominaron la técnica de la pintura polícroma, en contraste con los del periodo anterior que se limitaron al uso de dos colores: rojo y negro. En el campo de la representación cosmológica se encuentran durante el periodo ilama los personajes míticos en cerámica, mientras que en el periodo siguiente se prefiere el oro.

Imagen en oro - Calima - Los indicios del periodo sonso son mucho menos numerosos que los de las culturas anteriores, sobre todos en el campo de la cosmología, cuyos íconos desaparecen sin rastro. Sin embargo, queda todavía mucho por estudiar acerca de los orígenes de la cultura sonso y las circunstancias que permitieron a esta sociedad reemplazar a la anterior.

La cerámica es uno de los campos donde mejor se refleja ese quiebre: el número de formas comunes a los dos periodos es mínimo y los perfiles irregulares de las vasijas sonso contrastan marcadamente con las formas nítidas y equilibradas de los periodos anteriores.

Los objetos en metal son escasos en esta cultura y el oro con el que trabajaron no fue de buena ley como el de sus antecesores, puesto que lo mezclaban con cobre para formar tumbaga. Del mismo modo se evidencia un cambio abrupto en las técnicas, pues la presencia del martillado casi desaparece, imponiéndose el fundido.

Ocupacion y Sustento Cultura Calima

Colgante de oro Calima - Considerando el medio en que vivieron los calima se puede razonar que sus ocupaciones fueron agrícolas en los cultivos de yuca, maíz, ñame, tabaco, batatas y ahuyamas; que la caza del monte les debió suministrar zainos, monos, nevados, guaguas, dantas y pavas, y que los ríos y lagunas les fueron generosos en pescado y manatíes. Fueron, a pesar de la proximidad al mar, un pueblo sedentario.

Aún se aprecian en las laderas de los montes, las pequeñas plataformas excavadas donde los calimas construyeron sus casas, dominando las colinas. Debido a las características de la zona, debieron ser chozas fabricadas con variadas maderas abundantes en los bosques aledaños, techadas con hojas de palma y sutilmente decoradas.

Alcarraza Cerámica Calima - Es singular en los calima la fabricación de cordeles hechos con pelo humano; la cerámica muy bien elaborada con motivos zoomorfos; pintada con ocre, naranja, rojo y negro, con incisiones y relieves. Particularmente, los calima acostumbraban crear vasijas de tres asas, aptas para colgar a la espalda. fabricaban hachas de piedra, cinceles, collares de cuentas de cuarzo, silbatos, esteras de corteza de majagua torcida y amarrada con cordeles de cabello; torteros en pizarra y grabados incisos en este ultimo material, y también urnas funerarias para sus enterramientos secundarios y para depositar bajo la tierra los huesos de sus muertos.

Sobresalió en los calima el arte ceramista, que dominaron con caracteres de grandiosidad, por lo cual están catalogados como uno de los más grandes de nuestro suelo. Igual que en otros casos los alfareros Calimas dieron prelación a confecciones domésticas. Y así fue como elaboraban gran diversidad de tazas, copas y recipientes de todo orden y formas.

Hay así mismo recipientes con decoración muy especial que nos hace pensar que tenían exclusivamente una finalidad ritual. Casi siempre llevan dibujos en formas de animal o bien de figuras humanas estilizadas. En otros casos tienen diseños en alto relieve o, más bien, como adiciones de diseños muy curiosas que representan algo mítico. Cuyo significado estamos lejos de descifrar. Parece que la imaginación nativa tomaba vuelos abstracionistas difícilmente superados en nuestras culturas precolombinas, a no ser por los Taironas y Tumacos, tan dados a representaciones alegóricas en sus confecciones alfareras.

Estatuilla CalimaLo más representativo de la cerámica calima son los canasteros o pequeñas esculturas de figuras humanas que llevan a la espalda un elemento de carga, canastos o vasijas de forma tubular. Impresiona el realismo de estas figuras en las cuales pueden apreciarse los rasgos físicos , el vestido y hasta expresiones de la cara.. Los canasteros antropomorfos están maravillosamente ejecutados, tanto que en muchos casos parecen verdaderas estatuillas. Muchas de estas piezas llevan decoraciones incisas, geométricas, mientras otras son lisas.

Otra variedad Calima se constituye en una especie de estatuilla, es la que se conoce con el nombre de “patón”. Se trata de estatuillas huecas, de paredes más o menos delgadas, siempre en posición de pie y con las piernas ligeramente apartadas. En realidad se trata de recipientes, seguramente utilizados para fines rituales, donde los fieles depositaban preseas para sus dioses tutelares. En este caso tendrían la misma finalidad que los gazofilacios Quimbayas. Piezas típicas de la región Calima son las maternidades, las figuras femeninas gordas y personajes de ojos rasgados y labios gruesos.


Figura en oro - Calima - Los Calimas figuran entre los más grandes orfebres de nuestra época prehispánica, a tal grado, llegaron en este arte que pueden equipararse con los Quimbayas, Taironas, Chibchas y Sinúes, que fueron verdaderos maestros en el arte orífice, cuya reputación como tales se ha extendido por todos los ámbitos de la tierra.

El llamado estilo Calima se caracteriza por el exceso de decoración. Fabricaron sutilmente diademas, arcos, carretes y vasijas cónicas, orejeras, pectorales, narigueras ceremoniales, vasijas antropomorfas y zoomorfas, caracoles de gran perfección, posiblemente tomando como horma caracoles naturales; propulsores, pinzas para depilar, alfileres para sostener los mantos, collares modelados sobre alma de arcilla y tiaras. Todas estas piezas revelan que los calima alcanzaron una cultura refinada, lujosa y de gran contenido espiritual.

Estatua ritual Calima - Poco, sin embargo, sabemos de las costumbres de los calima. Ateniéndonos a la figuras humanas conservadas en su alfarería y orfebrería, descubrimos que usaron el cabello largo, arreglado en lo alto con artísticos peinados, y que fue general entre ellos ese carácter caribe de deformarse los músculos con ligaduras transversales. La riqueza y método de sus enterramientos los equiparan, en lo que toca a sus creencias en el más allá, con los pueblos más avanzados del territorio colombiano.

El mundo mítico Calima estuvo inundado de bestias fabulosas. Se combinaban varios animales en un solo ser. Al parecer el culto funerario tuvo gran importancia para los distintos periodos de la cultura Calima. Guaqueros y arqueólogos han encontrado gran cantidad de tumbas, unas con cantidades de piezas de oro y otras donde estas estaban ausentes.

Cultura Precolombina Malagana

El nombre atribuido a los antiguos pobladores de las cercanías del río Bolo en el actual municipio de Palmira, ha sido un préstamo caprichoso que los arqueólogos, dado que los primeros hallazgos de esta civilización fueron encontrados en la hacienda de este nombre, en los corregimientos de El Bolo y San Isidro.

Entre 1992 y 1994 fueron encontrados los primeros objetos que evidencian la existencia de estos antiguos pobladores. El descubrimiento fue accidental y en poco tiempo la noticia de guacas en la zona, se difundió atrayendo muchos curiosos, guaqueros y saqueadores que, sin control alguno, extrajeron todo tipo de vestigios de los tesoros malagana, dejando desprovistos a los hombres y mujeres de ciencia de una valiosa información para la reconstrucción social y organizativa de estos pueblos.

Sin embargo, estos hallazgos permiten afirmar que se trata un cacicazgo importante en el sur occidente colombiano que tuvo su periodo de mayor auge y desarrollo durante los primeros siglos de la era cristiana. Las excavaciones arqueológicas indican que existieron por lo menos dos ocupaciones humanas anteriores y una posterior a la malagana en el río Bolo, todas ellas relacionadas con los periodos calima (ilama, yotoco y sonso).

En ese sentido, la aparición de los malagana en el periodo comprendido entre los años 70 y 140 D.C, lapso inscrito en el periodo de existencia de los calimas, es un punto de quiebre respecto a quienes consideran a la cultura calima como propia de un territorio y la circunscriben estrictamente a la región que le da su nombre (estribaciones media y alta de la cordillera occidental en la zona centro del departamento del Valle del Cauca, abarcando los municipio de Restrepo, El Calima –Darién, Yotoco y Vijes.).

Cultura precolombina Malagana - Los vestigios malagana muestran que las técnicas y estilo de estos pobladores presentan ciertas similitudes, en cuanto a forma y simbología, con el suroccidente precolombino, es decir, con las culturas Calima, San Agustín, Tierradentro, Tolima, Quimbaya, Tumaco y Nariño; lo que sugiere que los malagana participaron en un intercambio cultural que se manifestó justo en el momento de mayor complejidad social y política, con un esplendor tecnológico y artístico que perduró durante el primer milenio de la era cristiana.

La producción orfebre de los malagana, caracterizada por el trabajo sobre láminas de oro de buena ley, el tamaño de las piezas y los usos para los cuales fueron diseñadas, concuerdan con la producción del periodo yotoco – calima. Estos pobladores practicaron las técnicas del martillado de láminas gruesas de oro para convertirlas en máscaras rituales y funerarias.

Cultura Prehispanica Malagana También practicaron el enchape de láminas de oro sobre trozos de madera o hueso, el repujado, la soldadura por fusión o frotamiento y la cera perdida, recubierta con molde de barro, que al someterse al calor se derretía dando paso al oro fundido que quedaba al descubierto después de romper el molde.

En cuanto a la producción cerámica, esta se caracteriza por ser fina y pulida; sobresalen las ocarinas, cántaros para la recolección y almacenamiento de líquidos y las alcarrazas, vasijas de cuerpo globular con doble vertedera y asa puente. Predominan los colores blanco y terracota.

Cultura Precolombina Muisca

El centro del territorio que hoy forma la República de Colombia y que antes se llamó Nuevo Reino de Granada se halló habitado por indígenas pacíficos y organizados, agricultores y vestidos, descendientes de la familia lingüística chibcha procedentes de Centroamérica y quienes se llamaron a si mismos Los Muiscas o moscas.

Su patria eran las ricas sabanas de Zipaquirá, Nemocom, Ubate, Chiquinquirá, Tunja y Sogamoso, comprendidas entre los nacimientos de varios ríos: del Upía, que desciende al Orinoco; del Chicamocha, del Suárez, del Opón y de Carare, que van al Norte; del río Negro Cundinamarqués y sobre el Funza que, corriendo de Nordeste a Sudeste, busca el Magdalena..

Sus tierras eran frías o ligeramente templadas, llanuras abiertas donde, más que hoy, extensas lagunas y juncales reflejaban el horizonte. Esa habitación del pueblo muisca condujo a una densa población y con ella a una organización más refinada de la vida social. En efecto, los muiscas de la época descubridora, a semejanza de los mayas-aztecas de Méjico, de los incas del Perú y de los aymarás de Bolivia, habían sobrepasado ya la civilización primitiva de las tribus o pequeñas agrupaciones regidas por el más fuerte, y se habían convertido en pueblos que obedecían con sus caciques a jefes superiores, sin cuya voluntad no se llevaban a cabo los grandes movimientos sociales, y cuya designación era hereditaria matriarcal.


Ubicación de la Cultura Precolombiana Muisca - El territorio de los muiscas abarcaba las cuencas y valles del río Bogotá hasta Ten; del río Negro hasta Quetame, el Guavio hasta Gachalá, de Garagoa hasta Somondoco, de Chicamocha hasta Soatá y del río Suárez hasta Vélez. No existe un acuerdo sobre cifras de población, pero los conquistadores son enfáticos en destacar la multitud de los indígenas.

Vista desde lo alto del cerro de Suba, la sabana de Bogotá presentaba una amplia zona pantanosa rodeada por una llanura cubierta de pastos y vegetación baja. En ella se destacaban numerosas aldeas: Suba, Tuna, Tibabuyes, Usaquén, Teusaquillo, Cota, Engativá, Funza, Fontibón, Techo, Bosa, Soacha y palacios compuestos por bohíos rodeados por dos o tres empalizadas concéntricas, semejantes a los alcázares árabes del sur de España.

Este "Valle de los Alcázares" que con las sierras nevadas de la Cordillera Central en el horizonte, dio pie para el nombre de Nuevo Reino de Granada, era en efecto el núcleo del cacicazgo de Bogotá. Las Sierras Nevadas de granada continúan en España la cadena sagrada para los grupos Muiscas.

Con su sede de gobierno en Funza, este era el cacicazgo regional más extenso y poblado, no sólo del territorio Muisca sino de todo el norte de Sudamérica en aquel siglo. Sus gobernantes, los Zipas, lo habían conformado recientemente anexando los cacicazgos intermedios de Guatavita, Ubaque, Ubaté, Zipaquirá y Fusagasugá (Londoño, 1988).

Sin embargo, y por esa misma razón, Bogotá era a la vez el más inestable de los cuatro cacicazgos regionales en que se dividía en ese entonces el territorio de los muiscas. Así, aunque el cacique de Bogotá opuso resistencia a la conquista, muchos de sus sujetos prefirieron sacudirse su dominio aliándose a los europeos, como sucedió cuando Quesada salió por el valle del Teusacá hacia el norte.

El tipo del indígena muisca aún se conserva y puede describirse así: talla mediana y robusta, pelo negro y lacio; nariz ancha y corta, ojos pequeños, boca y dientes grandes, pómulos salientes. Eran inteligentes, valerosos y sufridos.

Por las mismas condiciones de su clima frío, los muiscas usaron vestidos abrigados, consistentes en mantas de algodón que les cubrían el cuerpo hasta los pies y que ajustaban a los hombros, unas veces con nudos, otras con alfileres de oro o de cobre. Usaron ponchos también a manera de ruana y cubrían sus cabezas con monteras de lana, las cuales al presente llaman juraícas, y también gorras de pieles de animales como de tigre y de oso. El calzado les fue desconocido.

Tales instrumentos los hicieron en algodón valiéndose de rústicos telares; después de hilarlo en ruecas y coserlo con agujas de hueso, los teñian con diversos tintes vegetales. Entre los pueblos colombianos, fueron los muiscas los que mejor dominaron las artes de los textiles. Con ellos comerciaban, pagaban tributos y hacían ofrendas en sus templos y santuarios.

Para las festividades, los muiscas se adornaban con joyas de oro de gran valor y virtuosidad; tiaras, coronas, pecheras, narigueras, orejeras; zarcillos, pulseras, ajorcas y caracoles de oro que eran las mejores pruebas del ingenio, de la habilidad de sus manos y de su gusto, los cuales nos conserva la Arqueología.

La arquitectura precolombina que alcanzó entre los aztecas, los mayas y los peruanos sus más brillantes y admiradas expresiones artísticas, no tubo entre los muiscas siquiera un desarrollo comprable con el de aquellas culturas. La diferencia esencial consiste en el empleo de la piedra para las construcciones. Los muiscas tenían la piedra profusamente desparramada en su medio geográfico pero fueron incapaces de utilizarla para la escultura y para las construcciones. Los muiscas hacían sus casas utilizando como principal material la caña y el barro para hacer las tapias llamadas bahareque.

Las casas comunes eran de dos formas: unas cónicas y otras rectangulares. Las primeras consistían en una pared en circulo echo de palos enterrados como pilares más fuertes sobre los cuales se sostenía de lado y lado un doble entre tejido de cañas cuyo intersticio era tupido de barro. El techo era cónico y cubierto de pajas aseguradas sobre varas la profusión de tales construcciones en forma cónica en la sabana de Bogotá, dio origen a que Gonzalo Jiménez de Quezada le diera a esta altiplanicie l nombre de Valles de los Alcázares. Las construcciones rectangulares consistían en paredes paralelas también de bahareque, como las anteriores, con techo en dos alas en forma rectangular.

Tanto las construcciones cónicas como las rectangulares tenían puertas y ventanas pequeñas. En el interior el moblaje era sencillo y consistía principalmente en camas hechas también de cañas, llamadas barbacoas, sobre las cuales se tendía gran profusión de mantas; los asientos eran escasos pues los indígenas solían descansar en cuclillas en el suelo. Además de las casas comunes existían otras dos clases de construcciones: una para los señores principales, probablemente jefe de tribu y de clan, y otras para los jefes de las confederaciones muiscas, como los Zaque y los Zipas.

Los Muiscas fueron básicamente agricultores y tuvieron grandes conocimientos sobre los ciclos de la lluvia, los cambios de la luna y el cuidado de los cultivos. Cultivaron en tierras planas utilizando en algunos casos hileras de montículos; también usaron terrazas y se valieron de la irrigación natural con apoyo de los ríos y las lagunas cercanas a sus poblados; entre las más importantes están Guatavita, Siecha, Tota, Fúquene e Iguaque.

La base esencial de la economía muisca fue la agricultura; cultivaron principalmente el maíz de diferentes variedades, que se convirtió en la base de la alimentación. Además, sembraron algodón, yuca, batata, calabaza, hibia, arracacha, piña, aguacate, coca, tabaco, etc.

Los muiscas obtenían y consumían carnes de curi, conejo, venado, peces y aves. La carne de venado era consumida únicamente por la aristocracia. La caza y la pesca eran actividades poco practicadas por los muiscas y no domesticaron animales.

Sobresalieron por su habilidad como mercaderes; practicaron el intercambio mercantil entre sus tierras frías y las de los llanos. Esto lo hacían a través de caravanas por sus caminos empedrados algunos y puentes colgantes, o en medio de trochas que les permitían llegar ante sus interlocutores comerciales. Se concentraban para sus mercados en Funza, Tocancipá y Turmequé.

Sal principal elemento comercial MuiscaUno de los principales productos que los Muiscas intercambiaron a través del sistema de trueque fue la sal, a cambio de la cual recibían oro, que luego trabajaban a su manera para volverlo a intercambiar. Lo mismo pasaba con las esmeraldas, amatistas y topacios, piedras preciosas que cambiaban por sal y después regresaban a sus antiguos dueños, pero esta vez pulidas y talladas, y por lo tanto, con mayor valor agregado.

Caso similar sucedía con el algodón, producto del que carecían. Lo obtenían mediante el intercambio mercantil y con él elaboraban ruanas o ponchos, que tejían y decoraban con estilo y colorido particular. De esta manera lograron desarrollar una industria textil de gran aceptación, incluso en nuestros días.

La versatilidad comercial de los Muiscas se complementó con el desarrollo que lograron en los medios contables crediticios, ya que supieron diferenciar el producto y su equivalente luego de agregarle más trabajo. De la misma manera llegaron a establecer tasas de interés sobre créditos comerciales, lo que quedó sustentado en una legislación de acuerdos comerciales entre las partes, que debía respetarse, so pena de recibir sanción de tipo social o económico, mediante la confiscación de sus bienes. También usaban como monedas discos de oro.

Esta industria fue de gran significado en los altiplanos fríos de Cundinamarca y Boyacá. El Cronista Fray Pedro Simón, refiere que los muiscas usaban mantas coloradas en señal de luto. Los indios de Lenguazaque las usaban de diversos colores y los cortesanos de Tunja muy ricas y decoradas; los sugamoxis envolvían los cadáveres de sus antepasados en mantas de algodón. En estas mantas pintaron una gran variedad de motivos geométricos, al parecer de carácter simbólico.

Gracias a las exploraciones realizadas por Eliécer Silva Celis, se sabe que las coberturas de las momias eran telas de algodón, mallas de fique y pieles de animales. La industria del tejido tenia para los indios una importancia extraordinaria; todos los acontecimientos de la vida los festejaban con regalos de mantas. Para decorarles usaban como colorantes numerosas plantas. También utilizaron los colorantes de origen mineral o especie de barro a base de tierras de colores.

La posesión de la sal, permitió a este grupo indígena obtener una ventaja natural sobre las tribus circunvecinas; la extraían de las salinas de Zipaquirá, Nemocón, Sesquilé y Tausa. Tales minas constituían el tesoro del soberano muisca y su principal recurso fiscal. El reconocimiento del prestigio que las minas de sal representaban a la soberanía de los Muiscas, se descubre por el comercio con las demás tribus. Según los cronistas, en Barrancabermeja los españoles encontraron algunos panes de sal, por lo que comprendieron el sendero que debían seguir para encontrar el pueblo civilizado.

Esmeraldas Los muiscas explotaron los yacimientos de esmeraldas existentes en Somondoco. Para extraerlas, removían la tierra con barras de madera resistentes y hacían correr agua con el fin de descubrir y recoger las piedras preciosas. La extracción se realizaba en época de lluvias. Con las esmeraldas hacían intercambio comercial por lo que fueron conocidas y apreciadas por tribus lejanas.

Mérito especial de los muiscas entre todos los grupos indígenas americanos fue el haber empleado el carbón mineral de Sogamoso, Tópaga, Gámeza, Corrales y Tasco, así para quemarlo en sus hogares como para el uso industrial de sus artesanos y en los hornos que concentraban la sal. Para obtener carbón abrieron con hachas de piedra y de macana largas y profundas galerías de donde extraían el material.

Alfareria MuiscaNotables alfareros fueron los muiscas, así para fabricar sus vasijas de cocina como los vasos o múcuras en que bebían la chicha. Fabricaban vasijas en forma de hombres, a las cuales les abrían un agujero, o en el vientre o en la cabeza, para guardar en ellas los tunjos y esmeraldas, vasijas estas que guardaban en los bohíos dedicados a sus dioses.

Los Alfareros muiscas, con los artificios de su tosca industria llenaban otras necesidades, tales como: husos y torteros de hilandería, rodillos labrados para impresión de relieves, bruñidores, crisoles y matrices de fundición, ocarinas y otros instrumentos musicales, así como multitud de pequeños implementos cuya aplicación no se ha podido establecer.

Ceramica MuiscaLa cerámica muisca aparece también muy constantemente adornada con formas zoomorfas, es decir, representando animales, entre los cuales la preferencia de ellos se iba hacia la rana, la lagartija, el armadillo y la serpiente. Los grandes talleres de cerámica artística, estuvieron en los pueblos circunvecinos a Tocancipá, Gachancipá, Cogua, Guatavita, Guasca y Ráquira, cuyas arcillas especiales ofrecían materia prima excelente para estas labores.

Orfebrería MuiscaLos Muiscas fueron magníficos orfebres; fabricaban figurillas y objetos de adorno, como diademas, collares, narigueras, tiaras, pulseras, pectorales, mascaras y los famosos tunjos decorados con hilos de oro y, en general, figuras antropomorfas y zoomorfas planas.

Para los orfebres Muiscas, el arte tenía un doble significado: expresión estética y simbolismo religioso. Entre la orfebrería muisca sobresalen los tunjos, piezas con unas características definidas: pequeñas figuras humanas de una pieza, construidas en lámina delgada, en forma de placa triangular. Son estilizaciones hechas en la técnica de la cera fundida. En los cementerios y santuarios indígenas se han encontrado muestras de estas industrias, como patenas, instrumentos musicales, vasijas y como cosa sobresaliente los tunjos o ídolos de oro.

Dado que en el territorio muisca no existían yacimientos de oro, lo obtenían por transacción con las tribus vecinas. Cambiaban esmeraldas, mantas y algodón por oro. Aleaban el oro argentífero nativo en proporción variable con el cobre puro y obtenían así aleaciones de color bronceado, conocidas en Colombia con el nombre de tumbaga.

Estilos de orfebrería muisca

A partir del estudio de la iconografía y las técnicas de manufactura de las piezas de orfebrería de la Cordillera Oriental, se determinó la existencia de tres estilos diferentes, que parecen corresponder a diferentes áreas de influencia, diversos contextos de uso y posiblemente épocas distintas en el desarrollo de la industria metalúrgica.

El primero de estos estilos, asociado a los objetos del área central de la Cordillera, se conoce con el nombre de Muisca nuclear. Está conformado por piezas utilizadas por los señores principales y para ofrenda, y corresponde a figuras votivas; collares con formas geométricas, zoomorfas y antropomorfas; aplicaciones para textil; brazaletes; bandejas para yopo; narigueras rectangulares; entre otras funciones. Son piezas predominantemente fundidas utilizando la técnica de la cera perdida. Aunque algunos de los diseños son geométricos, el tema predominante fueron las aves y la figura humana con ojos y boca en forma de ‘grano de café’.

Por otra parte, los objetos que se encuentran bajo el estilo conocido como Occidental complejo, hallados en las vertientes occidentales y suroccidentales de la cordillera, tienen una iconografía más recargada, influenciada por las formas y los diseños de los pueblos que se ubicaron en la región Quimbaya y Tolima. Son piezas antropomorfas con ojos semicerrados y elaborados tocados con espirales; colgantes de orejera cónicos y troncocónicos, y pectorales acorazonados.

Finalmente, el tercer estilo, conocido bajo el nombre de Martillado simple, se relaciona con objetos más simples y sencillos encontrados en el área de Santander y hechos a partir de la técnica del martillado. Son narigueras, orejeras en forma de anillo, o semilunares y circulares como algunos colgantes y pectorales, entre otros.

Arte Rupestre MuiscaLos muiscas desde sus primeras generaciones, quisieron dejar dibujados en las rocas los hechos mas sobresalientes que acontecieron en su nación, y a ese deseo en ellos de perpetuarse obedecieron los jeroglíficos o petroglifos que acá y allá se conservan en muchas rocas del territorio habitado por ellos.

En el territorio Muisca especialmente en Facatativá, Bojacá, Fusagasugá y en algunos sitios de la región ocupadas por los Guanes se encuentran piedras, generalmente grandes rocas, con dibujos indígenas con tintas indelebles. Suelen hallarse las mismas formas o figuras talladas en rocas. En Facatativá las piedras de Tunja con sus corpulentas masas geológicas, aparecen tatuadas con estas pinturas a tinta roja encendida, como testimonios callados, como garabatos prehistóricos que muestran la huella que dejo un pueblo en su peregrinación de siglos.

Organización Social Cultura Muisca

La base de la organización social muisca era el Clan o familia extensa, emparentadas por vínculos consanguíneos y caracterizado por la exogamia. Los hijos heredaban por línea materna, puesto que pertenecían a la comunidad de su madre. Aunque se permitía el matrimonio poligámico, en realidad solo lo practicaba la nobleza. La residencia era patriarcal.

Los individuos trabajaban en común las tierras de su jefe de clan, o del sacerdote o jeque. Varios clanes formaban una tribu y sus miembros trabajaban las sementeras del cacique u uzaque (Jefe de tribu), quien cobraba los tributos y entregaba parte de ellos al Zipa o al Zaque, jefes de estas confederaciones, conformadas por varias tribus.

Los jefes de confederación, los jefes de tribu y los sacerdotes formaban una clase superior, que se apropiaba de parte de los excedentes de producción agrícola y minera. Ello originó la diferenciación de grupos dentro de la sociedad y condujo a la formación de clases y al surgimiento de la propiedad privada y del estado. La apropiación de los excedentes de producción se efectuaba mediante el cobro de un tributo o impuesto, que debían pagarse en especie, y del trabajo, obligatorio también, en los cultivos de los jefes de tribu y de los sacerdotes. Este sistema impidió que se estableciera la esclavitud en la sociedad muisca.

Los Muiscas se regían por un complejo sistema de sentencias o leyes muy estrictas, que sustentaron el orden moral, político y social llamado código de Nemequene, transmitido oralmente. El código castigaba el incesto y condenaba a muerte al homicida, aunque hubiera conseguido el perdón de los familiares del difunto. El hurto se castigaba con la pena de muerte al igual que el soborno. Si una mujer moría en el parto, el marido debía indemnizar a la familia de la esposa. Existía la pena de muerte para quien violara una mujer y para el que huía de la guerra. Además, se limitaba el lujo en la gente común.

A la llegada de los españoles en el territorio muisca existían 5 federaciones independientes, formadas por 25 tribus. Cada federación tenía su gobierno independiente, así como, una jurisdicción territorial sobre una serie de poblados que les pagaban tributo.

1. La confederación de Bacatá o Bogotá: Era la más extensa, a ella pertenecían unas 20 tribus las cuales gobernaba el zipa; comprendía gran parte del departamento de Cundinamarca.
2. La confederación de Hunza o Tunja: Abarca algunas zonas de clima frío al norte de Cundinamarca y gran parte de Boyacá. El Zaque la gobernaba.
3. La confederación de Tundama o Duitama, compuesta por pocas tribus
4. La confederación de Sogamoso o Iraca: de escasa extensión territorial. Allí residía el sacerdote más importante, dedicado a la adoración del sol.
5. La confederación de los indios Guanes: formada por un subgrupo de los muiscas ocupaba las ollas de los ríos Suarez y Chicamocha y la mesa de Lérida en Santander.

Así conformada, la cultura muisca era un estado en formación. Contaba con una clase gobernante principal, secundada por otra menor, que regia unidades administrativas más pequeñas (capitanías o parcialidades).

Social y económicamente, entre los Muiscas existieron seis clases o estamentos, así: los sacerdotes o jeques, la nobleza guerrera o los guechas y los pregoneros o aquellos funcionarios que hacían conocer la voluntad del cacique. También estaban 1os comerciantes, los artesanos y los agricultores, que se regían por un orden jurídico rígido. También sobresalieron los mineros en especial los que trabajaban en las minas de sal y esmeraldas y por último, los esclavos que, generalmente, eran prisioneros de guerra y a veces servían para los sacrificios religiosos.

Las armas de guerra en las sociedades salvajes y bárbaras son generalmente los mismos instrumentos de cacería utilizado sin modificaciones o complementados con algunas innovaciones de adaptación. Primero en la guerra con los animales, contienda defensiva para preservar la vida y lucha ofensiva para sustentar la existencia humana. Las armas que el hombre inventa en esta lucha que sistematizada se le llama cacería, le sirven luego en combate con los demás hombres. Originariamente los inventos de cacería y guerra se enlazan sobre el fondo de sangre de su dramatismo.

Los muiscas utilizaban en sus guerras grandes macanas, lanzas y cachiporras de madera, y hondas para lanzar guijarros. Su arma principal era la tiradera o estólica que son ciertos dardillos de varilla liviana a manera de carrizos con puntas de macana.

Cuando en las actividades guerreras lograban cautivar niños pertenecientes a las tribus enemigas los destinaban para ser sacrificados al sol y los mantenían entre tanto en casas especiales donde recibían buen trato y comida esmerada. El sacrificio tenia lugar en las altas cumbres que miraban hacia el este. Los Jeques conducían ceremonialmente a la criatura y la colocaban en el suelo sobre una manta fina. Con cuchillas de caña degollaban al niño y recogían su sangre en totumas para untar con ellas las piedras donde caían los primeros rayos solares del amanecer. El cuerpo de la víctima recibía sepultura en una cueva o era dejado expuesto al sol tropical para que los rayos lo achicharraran devorándolo. Este sacrificio macabro tenia por objeto desenfadar al sol.

Las ciencias estaban representadas por la astronomía, la meteorología y la confección de un calendario que servía de base para la agricultura, ya que los cultivos dependían directamente del comportamiento del sol (Zué) y de la Luna (Chía). Dividían el año solar en cuatro épocas, delimitadas por los períodos de invierno y verano, que a su vez se subdividían de acuerdo a los cambios lunares. Utilizaron el sistema basado en los dedos de las manos y de los pies para contar; al llegar al veinte, comenzaban otra veintena; el palmo y el pie fueron sus medidas de longitud.

Los sacerdotes Muiscas eran los jeques y éstos, para desempeñar su oficio, se recluían por algún tiempo en una especie de “seminario”. Practicaban el ayuno y dedicaban toda su vida a la religión.

Los Muiscas, al contrario de otros grupos precolombinos, representaron en diferentes animales a sus principales divinidades y situaron al hombre como centro de la naturaleza. El hombre representó la fuerza, el poder, la sabiduría y la prudencia; la mujer, la vida, la fertilidad y la organización. Eran cultivadores y consumidores de coca, tabaco y yopo. Dicho consumo tenía connotaciones religiosas.

Los muiscas eran idólatras. Adoraban al Sol a quien llamaban Sue y a la Luna, Chía. Rendían también culto al agua, al arco iris. Su dios principal fue Chimininchagua, quien era el origen de todo y fue quien creó la luz, pues el mundo antes era oscuro. Muiscacum era el dios protector y si se le ofendía, se vengaba, Bachue, la madre de la humanidad y diosa de las legumbres, Chaquen, dios de los corredores y Bochica, héroe civilizador.

Celebraban sus fiestas con mucha solemnidad. Las procesiones eran muy concurridas. Los adoratorios más célebres fueron las lagunas de Guatavita, Siecha, Ubaque y Fúquene consideradas lugares sagrados. En Sogamoso se encontraba el templo del Sol, el principal de los indios muiscas.

Los muiscas por lo general rendían culto a los muertos y como creían en la inmortalidad del alma los enterraban con alimentos, joyas, vestidos, etc. La muerte era concebida como el comienzo de un viaje que los conduciría a un mundo parecido al de ellos y en donde la vida sería fácil y difícil, de acuerdo con el comportamiento que hubieran tenido en esta vida.

Celebraban los ritos religiosos principalmente en las lagunas. Allí concurrían periódicamente en peregrinación a llevar sus ofrendas al Sol y a la Luna; poseían también adoratorios como los cojines del diablo en Tunja. El centro ceremonial del zipa estaba ubicado en la localidad de Chía (actual municipio de Cundinamarca), donde había un templo dedicado a la diosa Luna. La adoración al Sol se llevada a cabo en el centro ceremonial del zaque en la población de Sogamoso (actual municipio de Boyacá), y en la laguna de Guatavita tenía lugar el famoso baño en oro del zaque del Estado muisca, el cual dio paso a la famosa leyenda de El Dorado.

Esta ceremonia tenía ocurrencia con motivo de la posesión en el mando del cacique de Guatavita y era por lo tanto de celebración poco frecuente. En la laguna de Guatavita, el cacique de la región, para rendir culto a los dioses se cubría el cuerpo con oro en polvo y se bañaba en ella; los indios completaban la ceremonia, arrojando a sus aguas esmeraldas y figuras de oro.

La religión tenía también prácticas muy crueles; al Sol le ofrecían como sacrificio niños y mancebos que alimentaban con esmero. En Gachetá cada semana se sacrificaba un muchacho sobre una piedra como ofrenda a los ídolos.

Cultura Precolombina Quimbaya

Durante milenios, grupos humanos con diferentes culturas y formas de vida aprovecharon la diversidad de climas y la variedad y abundancia en recursos de las montañas del Cauca Medio. Sus primeros pobladores, diez mil años atrás, fueron cazadores y recolectores.

Más tarde, por cerca de dos milenios hasta la Conquista, en los períodos Quimbaya Temprano y Quimbaya Tardío, habitaron la región agricultores y mineros de oro y sal, artífices de cerámica y orfebrería sorprendente.

Los quimbayas eran uno de los grupos que habitaban el valle medio del río Cauca a la llegada de los conquistadores españoles. Por tradición todos los objetos arqueológicos encontrados en esta región de Colombia han sido denominados con el nombre Quimbaya y se ha identificado a los quimbayas como sus artífices, a pesar de que muchos de ellos fueron producidos por otra gente y en distintas épocas.


Ubicación de la Cultura Quimbaya - En el área que circunscriben las cordilleras occidental y central de los Andes colombianos y los ríos Otún y Paila, afluentes derechos del Cauca torrentoso, tuvo su asentamiento la civilización Quimbaya.

Estas tierras que hoy son porción riquísima de los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda, para la época precolombina estaban cubiertas de tupida selva. A ella debieron llegar estos hijos de la familia lingüística caribe y desde las orillas del Cauca, divisaron la altas cordilleras donde las cumbres del Ruiz y Santa Isabel platean al sol. En este maravilloso lugar hicieron su morada permanente la cultura Quimbaya.

Las principales ocupaciones de este pueblo de elevada cultura eran la agrícola, la orfebrería y la guerra. Obtenían su alimentación cultivando en sus fertilísimas tierras maíz, frijoles, chachafrutos, yuca, arracacha, ahuyama o zapallo, y los consumían cociéndolos con sal. Su agricultura se vio favorecida por abundantes ríos que utilizaron para riego. Fuera de eso, la montaña les ofrecía los frutos del aguacate, del chulupo, de la guayaba, de la piña, de los zapotes, del guamo y las almendras muy nutritivas de la olla del mono. Se proveían de carne por medio de la cacería, a la cual eran muy adictos; en los bosques había zaínos, venados, conejos, guatines, guartibajas, monos, armadillos y numerosas aves. Además, los ríos le deparaban abundante y variada pesca.

La sal para cuya extracción cada familia mantenía todos los utensilios indispensables, la obtenían de las fuentes vecinas al río Consota, sometiendo las aguas a la evaporación en enormes vasijas de barro o en las palas puestas al fuego, sacando así panes blanquísimos, que los españoles calificaron como iguales en su blancura a la sal de Castilla. Sus bebidas eran el vino de palma y la chicha del maíz fermentado, elemento principal de sus fiestas. La agricultura Quimbaya alcanzo gran perfección y aun en época reciente se hallaron surcos y terrazas de su sembrados.

Entre los espesos guaduales de la zona Quimbaya se levantaban grandes ceibas cuyos troncos constituían un medio favorable para la formación de colmenas, que explotaban los indios para complementar su alimentación y para utilizar la cera en la confección de los rostros de sus ídolos, en la fabricación de objetos de oro por el sistema de la fundición a la cera perdida y en la técnica de la pintura negativa en vasijas y cerámicas figurativas de carácter ceremonial.

Las viviendas de los Quimbayas eran chozas fabricadas con varas de árboles, de palmas, de helechos y de guaduas, que en esas tierras eran y son abundantes. Las cubrían con hojas de palma con techado de dos aguas y no les construían ninguna clase de paredes ni puertas. Ahí colgaban sus hamacas y albergaban sus familias, no muy numerosas. Las habitaciones de los señores se distinguían a veces por el tamaño mayor, en otras porque tenían enfrente cercados de las mismas cañas gordas.

Los utensilios de su cocina eran de barro cocido, así como a manera de hachas, usaron las piedras de pedernal afilado y amarrados con finos cordeles de fibra de palma y con manijas de madera. De estas se valían para derribar los árboles del monte y para fabricar las canoas con que navegaban en los ríos más profundos.

Recipiente para cal Quimbaya - Las armas con que combatían los Quimbayas a sus enemigos eran tiraderas, lanzas, macanas, hondas, arcos y dardos. Hacían en los caminos hoyos sembrados en su fondo con agudas púas para que los enemigos que fueran a atacarlos cayeran en ellos. Para su transporte utilizaban canoas y remos; así como puentes de guadua. Para llamarse a la distancia y como instrumento musical emplearon bocinas y tambores.

El cronista castellanos refiere, además que en los cercados de los quimbayas solía haber guaduas de tal suerte horadadas que con el viento que corría formaban tal consonancia que se podía oír música a todas horas.

Fue famosa entre los conquistadores la belicosidad de los Quimbayas. Es verdad que sus batallas consistían, sobre todo en la algarabía que hacían los guerreros adornados de todas sus preseas y antecedidos de banderas salpicadas con estrellas de oro. Pero su habilidad en dispara el arco era tan certera que muchos españoles resultaban heridos y aun muertos por el curare de las flechas. Este veneno se preparaba por los indios con zumos de plantas y con la secreciones venenosas de algunas ranas.

Casi todos los caciques tenían la bárbara costumbre de colocar picotas de guaduas en las cabezas y miembros de los habían hecho prisioneros o que habían matado en la refriega. Aquellos cráneos desecados con sus cabellos flotando al viento daban el más espantable espectáculo y el olor más nauseabundo; esta medida la empleaban para infundir terror en los invasores.

La industria textil tuvo dos centros principales de desarrollo durante la época prehispánica: uno en la zona oriental, entre los grupos chibchas de Cundinamarca, Boyacá y Santander, y otro en la región occidental, en los territorios de los departamentos de Antioquia, Caldas, Quindío, Risaralda y algunas zonas vecinas.

En la región Occidental, el mayor incremento de la industria se registró en el piso térmico templado y en la zona cálida. El empleo de ropas de algodón con galanas pinturas se dio entre los Quimbayas y otros a pesar de que varias poblaciones usaban pocas ropas: la escasez de ropa confeccionada con esta fibra la suplían con el empleo de corteza de árboles que ellos hacían.

Acostumbraban a celebrar los Quimbayas fiestas de carácter ritual, seguramente para propiciar el favor de sus dioses en las cosechas y en otras actividades de su vida cotidiana. Estas fiestas consistían en danzas ceremoniales al compás de tambores, acompañadas de frecuentes libaciones de chicha y de cantos en los cuales se expresaban las dificultades y necesidades de la tribu, a la vez que se rememoraban las hazañas de sus mayores.

Un carácter ritual parece que tenían también otras fiestas, como aquella en que se reunían para beber y solazarse, después de lo cual se formaban entre las mujeres, muchachos y hombres adultos donde arremetían unos contra otros, con propulsores o tiraderas, varas y otras armas, con el resultado de que de tales lides resultaban muchos heridos y un buen numero de muertos.


Fue la cerámica entre la tribu quimbaya un arte también excepcional. Es de las mejores de Colombia y puede competir con otras del continente, en donde se alcanzaron avanzadas técnicas. Es seguro que su excelente calidad se debe a las finas arcillas con que trabajaron y su belleza a la forma que dieron a sus vasijas, que son clásicas por la exquisitez y buen gusto de las líneas.

Sus moldes fueron generalmente tomados de la Naturaleza, seguramente copiaron en barro las figuras naturaleza que observaban, multiplicaban en ellas los dibujos, le añadieron el colorido y por último, les dieron un pulimento que los hace brillar como si estuvieran vidriados.

Ánforas, vasos triples, casos idénticos unidos en parejas, ocarinas, vasos silbantes que producen al soplarlos un sonido musical, rodillos para estampar, volantes para rueca, soportes en que colocar vasijas que tuvieran fondo esférico; representaciones de rostros humanos, urnas funerarias; vasos naviformes, botijas, vasos con asas en las cuales hay figuras antropomorfas; copas decoradas, recipientes, escudillas, figuras de animales como el sapo, la salamandra, la danta, el mico, en actitudes graciosas; alcarrazas de dos picos y un asa-puente de líneas perfectas y de extraordinario acabado, son algunos de los elementos mas representativos de la cerámica Quimbaya.

La orfebrería de los quimbayas es maravillosa entre las tribus primitivas de Colombia, no sólo por la abundancia, sino por el arte, la perfección y la elegancia de las piezas que elaboraban. La simetría de las partes es perfecta; la igualdad de las cuencas de los collares es precisa, pues parecen gotitas de oro soldadas unas con otras y calibradas con precisión admirable. Las labores de filigrana, el exacto ángulo de los salientes, el pulimento de los planos, la exactitud de las aristas, la sencillez de unas líneas combinadas con el abigarramiento de otras, nos demuestra el gusto estético y la persecución de la línea perfecta.

Otra particularidad tiene la orfebrería quimbaya; es el de la aleación del oro y del cobre, llamada tumbaga, de la cual se sirven para dar a sus joyas diversos matices, disponiendo de tal suerte de uno al otro sin salto ni división notable. Lograron dar a sus piezas tal temple a voluntad que algunos cinceles y cetros se parten antes de doblarse. Para el pulimento superficial se sabe que se valieron de la acerada, hierba ácida que todavía crece silvestre en los campos del Caldas.

Orfebrería Quimbaya periodo Temprano o Clásico

Los objetos elaborados por los orfebres de las sociedades del Período Temprano del Cauca medio y Antioquia, sirvieron como símbolos de prestigio y poder para sus líderes políticos.

La orfebrería comprendía adornos corporales, artefactos para el consumo de las hojas de coca e instrumentos musicales. Las huellas de desgaste, visibles en narigueras, palillos y otros objetos, indican que fueron utilizados por estos dignatarios en vida. A su muerte fueron enterrados con ellos en grandes ajuares como el “Tesoro de los Quimbayas”, el “Nuevo Tesoro Quimbaya” y varios más, acerca de los cuales existe alguna documentación a pesar de no haber sido hallados en excavaciones científicas. Según los pocos contextos arqueológicos conocidos, al parecer la gente de menor rango usó sólo algunas narigueras y orejeras.

A partir de un análisis de los objetos que conforman los ajuares mencionados, y de las figuras humanas representadas en ellos, se deduce que los atuendos de los líderes constaban de un casco o una corona, uno o varios pares de orejeras, una nariguera y un collar de varias vueltas. Estos adornos no conformaban atuendos que cubriesen gran parte del cuerpo; estaban restringidos a la zona de la cabeza y el cuello y, con excepción de los cascos y las coronas, eran pequeños y discretos. Los cascos, utilizados en otras sociedades del mundo con fines protectores en la guerra, fueron empleados aquí como emblemas de prestigio y fuente de poder espiritual.

El utillaje usado en el consumo de la coca estaba integrado por poporos —recipientes para almacenar la cal—, cuellos de poporo, palillos para extraer la cal y vasijas para guardar las hojas de coca. Estos artefactos se distinguen por su gran tamaño pues algunos poporos alcanzan 35 cm de alto y existen palillos de más de 50 cm de largo; y por su rica iconografía: varios recipientes son esculturas realistas de figuras humanas representadas con gran lujo de detalles.

El conjunto de esta orfebrería revela una marcada coherencia en el estilo. Se distingue por la sobriedad en el diseño y la decoración; las formas realistas con volúmenes redondeados, el brillo y la tersura de las superficies, y los colores rojizos. Las formas reproducen la figura humana, con preeminencia de la femenina, los frutos de calabazas, calabazos y totumas; y animales como caracoles y pupas de mariposa. Varios adornos muestran formas geométricas basadas en líneas curvas. En la decoración predominan los calados y las placas colgantes que a veces ocultan las figuras.

Según análisis de composición de un grupo significativo de objetos, al parecer esta orfebrería fue elaborada en su totalidad en tumbaga, la aleación de oro y cobre, de donde adquiere el color rojizo característico. Los contenidos metálicos oscilan alrededor del 60 por ciento de oro, 30 por ciento de cobre y 10 por ciento de plata; esta última se encuentra presente por hallarse asociada naturalmente al oro en los yacimientos. Los adornos pequeños, así como los grandes recipientes fueron elaborados por la técnica de la fundición a la cera perdida con núcleo, en la cual estos orfebres fueron grandes maestros; los cascos y coronas están hechos por martillado y repujado, también con un gran dominio técnico. Por su calidad estética y técnica, esta orfebrería es considerada desde el siglo XIX un patrimonio arqueológico de primer orden para el país.

Orfebrería Quimbaya periodo tardío

Durante el Período Tardío del Cauca Medio la orfebrería continuó siendo fuente de prestigio para los líderes; sin embargo, las transformaciones que dieron paso a una nueva época mostraron cambios en las funciones, formas y tecnología de los objetos que cumplían este propósito.

Si en el Período Temprano los recipientes y palillos para el consumo de la coca, así como los cascos y las diademas, eran los emblemas más visibles del poder; en épocas tardías cumplieron esta función pectorales circulares, narigueras triangulares y adornos sublabiales de diversos tipos. Las formas de mujeres y de frutos fueron desplazadas por figuras masculinas y de hombre-animal, geométricas y zoomorfas: nuevos símbolos que revelan la aparición de nuevas ideas relacionadas con el cargo de los líderes.

Los pectorales circulares planos sobresalen entre los nuevos emblemas de poder por su gran tamaño y elaboración. En ellos se invirtió una cantidad significativa de metal y trabajo; algunos alcanzan diámetros hasta de 30 centímetros y varios llevan complejos diseños repujados. Un estudio iconográfico de estos diseños mostró que responden a cuatro categorías o patrones básicos: 1. dibujos basados en formas geométricas y de aves esquemáticas, 2. figuras de lagartijas y tal vez otros lagartos, 3. imágenes antropomorfas masculinas estilizadas y 4. figuras humanas con rasgos animales.

Una mirada cuidadosa a estos diseños permite advertir que los tres últimos patrones conforman un continuo de transformaciones. En las figuras de hombre-animal se mezclan elementos de las otras dos categorías: la cabeza, los adornos de orfebrería, el sexo y las tetillas son humanas; mientras el cuerpo, la posición corporal, la cola y los dedos engrosados son de reptiles. De esta combinación de elementos pueden interpretarse estas figuras como representaciones de hombres-lagarto. Algunas de ellas muestran además un par de orejas redondeadas en la parte superior de la cabeza que semejan las de un felino, como si aludieran a mezclas de hombre con más de un animal.

Gracias a la arqueología y la etnología, sabemos que en las sociedades indígenas americanas, desde épocas antiguas, ha existido la creencia en la capacidad de algunos individuos de transformarse en animal y apropiarse así de sus facultades. Particularmente son los chamanes quienes tienen esta capacidad, y son verdaderos especialistas en ella. Las transformaciones en ave, jaguar y murciélago constituyen las transmutaciones más extendidas; así los chamanes consiguen poder volar, vagar ocultos por la selva, ver en la oscuridad, comerse a sus enemigos y observar el mundo al revés. Estas facultades son fuente de gran prestigio y autoridad.

Las representaciones antropozoomorfas en los pectorales, unidas a las descripciones de los caciques del siglo XVI, sugieren que los líderes del período Tardío tenían poderes de transformación. Cuentan las crónicas que los “Señores” y “Caciques” de la región llevaban el cuerpo profusamente pintado y decorado como “gatos”, portaban pieles de animales a la espalda, usaban taparrabos largos como colas y uñas largas como garras. Es probable que estas transmutaciones, como para los chamanes, fueran origen de admiración y respeto entre su comunidad.

Período Quimbaya Temprano o Clásico y Período Quimbaya Tardío de Colombia

Por dos milenios antes de la Conquista, el Cauca Medio estuvo poblado por agricultores y mineros de oro y sal, ceramistas y orfebres. La orfebrería del período Temprano (500 a.C. a 600 d.C.) muestra figuras icónicas de líderes, hombres y mujeres, como símbolos de identidad. Los colores, brillos y las formas de calabazas, ahuyamas, totumas y mujeres aludían a la fertilidad. Se destaca un poporo o recipiente para cal con forma de una mujer de alto rango en actitud ritual.

En el período Tardío (800 a 1600 d.C.) se dieron cambios profundos, hubo gran diversidad cultural y un incremento de población. Se pintaban el cuerpo, usaban ligaduras de cuentas en las extremidades y se insertaban adornos en la nariz y bajo la boca. La orfebrería, que usó mucho el cobre, y la cerámica se tornaron geométricas y esquemáticas. Con sus adornos y pinturas, los caciques parecían hombres-jaguar, hombres-rana y hombres-lagartija. Hacia 1540, por las diferencias de costumbres y lengua, los europeos clasificaron a los indígenas en "provincias": Caramanta, Anserma, Arma, Picara, Carrapa, Quimbaya, Quindo y otras. La mayoría fue aniquilada en la conquista.


Entre 500 a.C. y 600 d.C., las primeras sociedades orfebres se dedicaban a la agricultura, la cacería, la pesca y la recolección de frutos silvestres. Ubicaban sus viviendas dispersas sobre planicies naturales o en explanadas construidas en las laderas. Extraían oro de las arenas de los ríos y sal de fuentes de aguasal, y los utilizaban para el intercambio. Los orfebres eran especialistas que elaboraban objetos notables por la maestría técnica y estética, en los cuales plasmaron aspectos de la organización social y el pensamiento simbólico de sus comunidades.

Tanto los objetos de orfebrería como los de cerámica de este período tienen características como las superficies lisas y brillantes, sobriedad en el estilo y formas escultóricas realistas inspiradas en frutos y figuras femeninas. Las representaciones humanas en orfebrería muestran rasgos como desnudez, contornos redondeados, torso grueso, cara triangular, pómulos salientes, ojos rasgados semicerrados, uso de adornos y ligaduras, y placas colgantes. Estas figuras eran símbolos de identidad cultural de estos grupos.

Los adornos y objetos rituales usados por los líderes transmitían mensajes acerca de su cargo, posición social y pensamiento. En el curso medio del Cauca y las montañas antioqueñas los atuendos de estos personajes se componían de pocos objetos, casi todos pequeños. Son frecuentes las narigueras y orejeras fundidas a la cera perdida en aleación de oro y cobre o tumbaga. El notorio desgaste de muchos de los adornos evidencia su uso frecuente. Solo los cascos y las coronas eran emblemas grandes y visibles.

Los poporos para guardar la cal utilizada con las hojas de coca eran símbolos de fertilidad por su color y brillo, y por sus formas de mujeres, calabazos, ahuyamas y totumas. Los líderes los empleaban en ceremonias orientadas a la reproducción de la naturaleza y el bienestar de la sociedad, donde ellos mismos se hacían ver como indispensables para la continuación de la vida. También algunas urnas para las cenizas de los muertos, que se han hallado enterradas en tumbas de pozo simple, representaban calabazas y mujeres embarazadas, como si fueran úteros donde renace la vida tras la muerte. Una urna cineraria tiene la forma de un paujil.

Otro de los objetos más destacados de la colección del Museo del Oro es un poporo que representa una mujer de alto rango adornada con pintura facial, casco y nariguera. Su expresión meditativa y su postura solemne, sosteniendo barras con aves, le confieren la apariencia de estar participando de un ritual.

Este objeto maestro, los dos cascos, la corona con adorno imitando plumas y dos recipientes en forma de totuma alargada, con tapa, utilizados probablemente para guardar y llevar las hojas de coca, hacían parte de los ajuares con los que se enterraron varios líderes en una tumba en el municipio de Puerto Nare, en el Magdalena Medio antioqueño.

Los orfebres del período Quimbaya Temprano elaboraron además figuras realistas y estilizadas de diversos animales. Los más representados fueron caracoles e insectos en metamorfosis, como pupas de mariposa, que pudieron tener significados relacionados con los ciclos de la naturaleza y la sociedad.

Un colgante en forma de cuadrúpedo con cabeza de ave, proveniente de Antioquia, contenía carbón que fue fechado por el Museo del Oro en 240 a.C. Otro colgante zoomorfo, con dos animales estilizados, data de 190 d.C.

A partir del 800 d.C. se dieron cambios profundos en las sociedades del Cauca Medio. La población creció y asimismo la producción agrícola y textil, de cerámica y de adornos de orfebrería. Se transformaron las creencias, los objetos y los símbolos; los entierros primarios en tumbas de pozo con cámara se tornaron comunes.

Las modificaciones del cuerpo y ciertas posturas comunicaban características de las personas, como su grupo social y su rango. En figuras humanas enterradas con los muertos para acompañarlos y protegerlos, los ceramistas reprodujeron la pintura corporal que se aplicaba con sellos y rodillos de cerámica, las ligaduras de cuentas blancas que deformaban brazos y piernas, y las deformaciones del cráneo.

Durante el período Quimbaya Tardío los adornos de orfebrería tenían con frecuencia formas geométricas simples y decoraciones esquemáticas. Algunos, como las narigueras en forma de aro y de alambre retorcido, fueron de uso común. Se insertaban adornos en las aletas de la nariz, debajo de la boca y otras partes del rostro.

Las sociedades del período Quimbaya Tardío habitaron con preferencia las zonas templadas, tanto en casas dispersas como en aldeas. Vivían de la agricultura, la cacería, la pesca y la recolección. Sembraban maíz, fríjol y batata en las laderas, con eras y zanjas para controlar las avalanchas y la erosión. Extraían oro y sal, hilaban, tejían y trabajaban la arcilla y los metales, parte de cuya producción dedicaban al intercambio con grupos vecinos y lejanos.

Numerosos objetos se preservaron y hoy nos permiten formarnos una idea de la vida cotidiana de estas comunidades. En la cacería y la guerra utilizaban propulsores y dardos fabricados en madera de palma. Cazaban venados (Mazama), dantas (Tapirus), pecaríes (Tayassu pecari), zarigüeyas (Didelphis), armadillos (Dasypus), conejos (Sylvilagus) y otros animales.

Los volantes de huso elaborados en cerámica eran utilizados en el hilado del algodón. El volante, ajustado a la parte inferior de una varilla de madera, mantenía el movimiento de rotación necesario para torcer el hilo y enrollarlo alrededor del huso. Estos instrumentos para el hilado son tan frecuentes que nos permiten imaginar que los textiles lo eran también. Una cinta tejida en algodón, con placas colgantes de metal, se preserva en el Museo y fue fechada en 850 d.C. La producción de cerámica variaba dentro de la región del Cauca Medio. Hacia el sur elaboraban objetos de múltiples formas, algunos decorados con pintura negra sobre fondo rojo, crema o una combinación de ambos colores. Por su parte, los grupos asentados al norte del Cauca Medio elaboraron una alfarería de color marrón o gris con formas romboidales, decorada con incisiones y figuras aplicadas, así como vasijas de color naranja adornadas con pintura blanca.

La producción de objetos en cobre era una actividad importante. Con este metal los orfebres manufacturaron pectorales, brazaletes, collares y cascabeles.

Hacia 1540 los europeos encontraron en la región del Cauca Medio una población numerosa y diversa que con las guerras de conquista sufrió caos y aniquilación. Los conquistadores españoles contaron en las crónicas que los caciques de esta región vivían en grandes casas rodeadas por empalizadas, donde guardaban imágenes y los cuerpos desecados de sus enemigos, y realizaban rituales de canibalismo. También relataron que se adornaban y vestían para parecer animales; que usaban adornos de metal y plumas, se pintaban la cara y el cuerpo, llevaban un taparrabos largo como una cola, las uñas largas como garras y pieles de animales en la espalda.

Ante las diferencias de costumbres, lengua y política, los europeos clasificaron a los indígenas en "provincias" que llamaron Caramanta, Zopía, Quincha, Irra, Anserma, Chanco, Arma, Paucura, Pozo, Picara, Carrapa, Quimbaya, Quindo y otras. Varios de estos nombres permanecen en la geografía de la región.

En los pectorales de orfebrería se ven repujadas figuras de hombre-jaguar, hombre-rana y hombre-lagartija, que probablemente representaban a los caciques con sus atuendos rituales de animal.

Cultura Precolombina San Agustín

Las culturas prehispánicas de América que nos han dejado huellas vigorosas de su existencia, son universalmente conocidas, La Inca, La Maya, y la Azteca. Sin embargo, existen otras culturas prehispánicas mucho menos conocidas y que, aún así, merecen atraer la atención de los especialistas y del público en general, por la grandeza y belleza de sus vestigios. Tal es el caso de la cultura de San Agustín, cuya milenaria herencia de piedra podemos hoy admirar en Colombia dentro del departamento del Huila.

Los monumentos denominados como agustinianos, integrados por estatuaria lítica, dólmenes y montículos, que en gran número se encuentran diseminados en un hermoso y extenso territorio del Macizo Colombiano; constituyeron el más importante centro de producción escultórica de toda la región andina, durante la época precolombina.

Cuando se produjo la Conquista, los monumentos funerarios que siglos atrás habían sido hechos en el valle que domina el primer curso del río Magdalena, yacían abandonados por circunstancias que todavía no se conocen bien. Una densa vegetación poco a poco, había cubierto de bosques el territorio ancestral que durante milenios, fuera el hábitat de una de las culturas prehispánicas más importantes de Colombia, tal como lo atestigua su estatuaria lítica monumental.

Los sitios donde anteriormente se había elegido los centros ceremoniales dedicados a culto funerario, o los lugares de habitación y los campos de cultivo, desaparecieron por la acción incontrolada de la naturaleza especialmente feroz en este medio.

En el transcurso del Siglo XVI, cuando lentamente comenzó a producirse la penetración española en la región del Alto Magdalena, esta se encontraba poblada por numerosas tribus indígenas, como son los Quinchana, Mulales, Laculata y Laboyos. Es posible que hubieran ocupado este territorio debido a las presiones migratorias ejercidas por otros grupos, en épocas anteriores, a través del Alto del Magdalena.

El desconocimiento de los vestigios de esta cultura durante la Conquista fundamentalmente se debe a dos hechos: En primer lugar, esta cultura se extinguió antes de que llegaran los españoles por lo tanto no existió contacto. En segundo lugar porque principalmente se trataba de imágenes escultóricas, hechas para ser depositadas dentro de túmulos funerarios, que eran construcciones muy sencillas, que por esas mismas características rápidamente podían ser recubiertas por la vegetación, obras totalmente diferentes a la arquitectura pétrea colosal, que los conquistadores encontraron en México ó Perú.

Cerca de los paramos donde nacen juntos los ríos Magdalena, Cuaca, Patía y Caquetá, montañas frías habitualmente cubiertas de neblina y azotadas por la llovizna, se encuentra los monumentos de la civilización de San Agustín.

Allí vivió un pueblo que solo conocemos por sus restos arqueológicos y que desarrolló una cultura que si, por un lado, ha sido un misterio, por otro nos declara muchas realidades sobre la antigüedad del hombre en América, sobre las vías que pudo seguir la inmigración asiática a nuestro territorio y sobre el grado que pudo lograr en su cultura espiritual.

La aldea de San Agustín, centro principal donde se han descubierto extraños monumentos designados con su nombre, se halla en una alta meseta a 1.636 metros sobre el nivel del mar, en territorio huilense, dentro de la horqueta que forman, corriendo al fondo de profundos cañones, el río Magdalena y el Sombrerillo, uno de sus primeros afluentes por la banda derecha.

Ya en la población de San Agustín puede ver el viajero muchas estatuas, tallas y cerámicas que son otros tantos restos de antiquísimos moradores de la región. Pero lo más sorprendente desde el punto de vista arqueológico, se halla más allá, en las Mesitas de Uyumbe y en sus cercanas laderas, hoy convertidas en uno de los Parques Arqueológicos más interesantes de América, obra que debemos a la inteligencia y fervor científico de Luis Duque Gómez.

Las casa estaban construidas con columnas de madera clavadas en planta circular; los muros eran de bahareque, recubierto de barro; el diámetro era de tres metros mínimos; el techo era cónico y de paja.

Formaban bohíos construidos cerca de las corrientes de agua, a las cuales iban caminos, cuyas huellas todavía se advierten. En algunas de las habitaciones se encuentran tumbas. Cerca de las casa hay muestras de los talleres y huellas de las cocinas y fogones. No se han encontrado señales de pueblos o aldeas; probablemente vivían, dispersos dentro de una extensión bastante grande.

Se puede afirmar que la economía agustiniana se basó en el cultivo del maíz, complementado con el de los tubérculos y frutos, así como por la casa y la pesca. Además durante las ultimas fases del poblamiento el maní procedentes de las selvas del oriente, el cual desempeño un papel importante en la alimentación.

Es factible que la población de San Agustín mantuviera a lo largo de su historia un control vertical sobre los diversos pisos térmicos posibles, en este caso una densa población habría tenido acceso a un sinnúmero de recursos propios de tierras de muy diversos climas, desde los páramos hasta las templadas vertientes del ramal andino.

Poco se puede afirmar sobre el modelo de organización política de este pueblo escultor. La sociedad agustiniana se organizaba en "Cacicazgos" con una clara estratificación social y económica de la población. En este caso, el papel de los líderes políticos y religiosos habría sido destacado, sin embargo, es seguro que los pobladores más tardíos no tenían un sistema complejo de organización política.

Es posible que el poder de los caciques del alto magdalena en la región del Alto Magdalena en el siglo XVI cuente un modelo básicamente tribal; los roles políticos aún no estaban plenamente desarrollados y su poder dependía de la voluntad popular. Se presume asimismo, que la familia fue la base de la sociedad y que los agustinianos habitaron en casa muy juntas unas de otras.

Cultura Precolombina San Agustín: Industria Litica, Historia, Los Monumentos y La Religión

El arte de los antiguos agustinianos se orientó especialmente hacia la escultura lítica monumental, en la cual desarrollaron un estilo simbólico, sin haber dejado de alcanzar formas de un impresionante naturalismo. Como hemos anotado, las lito-esculturas son el mensaje de su complejo mundo religioso y fueron colocadas al lado de los despojos de sus muertos. Son deidades que representan el origen de la vida y los atributos de la muerte, las fuerzas de la naturaleza, los seres protectores, los ancestros míticos, los entes que pueblan el camino que recorren los muertos hasta llegar al sitio donde inician la vida ultraterrena.

Los bloques de piedra en los cuales se labraron las estatuas son cantos erráticos o rodados, algunos de grandes dimensiones, hasta de cinco metros, de los que abundan en el subsuelo de San Agustín y regiones aledañas. Carecen, pues, de razón, los que imaginaron el esfuerzo colosal que habría hecho este pueblo para llevar aquellos pesados bloques hasta el taller de los escultores o al sitio de los enterramientos, recorriendo grandes distancias y venciendo toda suerte de dificultades a través de un terreno accidentado.

Las investigaciones adelantadas por Luis Duque Gómez en varios sitios de la zona, han permitido establecer que el zócalo rígido del valle está a pocos metros de profundidad y aparece formado por aglomeraciones de estos cantos, algunos de los cuales afloran en los taludes de los viejos caminos, en donde fueron labradas figuras antropomorfas y zoomorfas directamente, in situ - en sitio -, y veneradas sus imágenes en el lugar mismo de origen, como es el caso de los monumentos de La Chaquira, de "La Rana de Lavapatas" y de "La Rana de Matanzas".

De todos modos, es indudable que estas grandes piedras, con las excepciones anotadas, fueron transportadas a través de varias cuadras de distancia, no obstante su enorme peso, lo que supone, desde luego, el conocimiento de recursos especiales para tales maniobras, quizás el empleo de rodillos de madera para sus desplazamiento, tal como todavía lo acostumbran los campesinos de la región.

Además de la estatuaria, los antiguos agustinianos, desde las fases iniciales de su poblamiento en el Valle de San Agustín, emplearon la piedra dura, eruptiva (basaltos y andesitas) para astillaría y utilizar los núcleos como busardas y las lascas como cuchillos, navajas, raspadores, buriles y otros artefactos. Esta industria persistió con sus rasgos primitivos hasta las fases finales del desarrollo cultural en esta zona La obsidiana, o vidrio volcánico, también se empleó con fines similares, aunque parece haber tenido, además, una significación especial en los ritos mortuorios.

Los instrumentos de piedra pulida (hachas, cinceles) se encuentran esporádicamente y corresponden a una fase tardía del desarrollo cultural.

Además de los artefactos mencionados, fabricaron cuentas de collar de piedra, discordes, tabulares, globulares y poligonales, que se encuentran en collares y colgantes en las tumbas y como ofrendas en las colinas artificiales o túmulos mortuorios. Bruñidores, con lados muy pulidos por la práctica del frotamiento, quizás en la fabricación de la cerámica.

En piedra de distintas calidades fabricaron también molinos o metates, con sus respectivas manos, para la trituración de granos y otros productos alimenticios. Los ejemplares encontrados en las tumbas y en los sitios de habitación presentan la mayoría superficies de trituración cóncavas y unas pocas superficies planas. Por regla general, se hallan fragmentados intencionalmente, lo que parece haber obedecido a la práctica de un rito funerario.

Investigaciones geológicas recientes señalan la existencia de un importante yacimiento de obsidiana al pie del volcán de Sotorá (Departamento del Cauca), en el curso del alto río Quilcasé. Es muy posible que hubiese sido de este lugar, que no está muy lejos de San Agustín, de donde se aprovisionaron los nativos de tales materiales, que, como se ha dicho, se encuentran abundantemente en las tumbas, como ajuar funerario, y en los sitios de habitación. Igualmente se indican yacimientos en las vertientes de la Cordillera Centro-Oriental nariñense (Laguna de la Cocha y región de Ipiales-La Victoria), en donde han sido observados en forma de riego.

Los antiguos habitantes de San Agustín transmitieron hereditariamente las técnicas y los secretos del oficio de la escultura su poder residía precisamente en el arte de su estatuaria.

La boca cuadrada de colmillos prominentes, imagen que aparece con mucha frecuencia en San Agustín, se relaciona con el mito del jaguar y es considerada como un emblema protector. Este tema, así como el de la dualidad águila - serpiente, se repite en las representaciones artísticas de los antiguos habitantes de México, Perú y otras zonas arqueológicas de Colombia.

El Jaguar es en muchas culturas, representación de una deidad mayor o principal, tal vez por estar en la cima de la pirámide ecológica, ya que es el gran depredador de América, pero también tiene claras intenciones chamánicas. El Chaman cuando muere se dice, retorna a la región en forma de tigre, por esta razón durante su vida, él puede hacer excursiones tomando forma de Jaguar y puede matar si lo desea. Cada Chaman posee una piel de Jaguar para usarla cuando toma esta forma y la posesión de la piel le confiere el poder de resucitar en forma de Tigre.

Las regiones montañosas de San Agustín y el valle de La Plata, en las cabeceras del río Magdalena, fueron habitadas de forma continua desde el año 1000 a.C. hasta la conquista europea. Durante los períodos Formativo, Clásico Regional y Reciente las sociedades de agricultores, ceramistas y escultores crecieron de manera gradual y se distribuyeron en aldeas cada vez más centralizadas.

Durante el período Formativo, entre 1000 a.C y 1 d.C., pequeñas sociedades agrícolas vieron surgir las primeras jerarquías sociales. En este período fue una práctica común retirar los huesos de las tumbas después de cierto tiempo y guardarlos en urnas funerarias de cerámica. Estas se colocaban en tumbas de pozo con cámara lateral, a veces con narigueras de oro o de tumbaga.

En el Clásico Regional, que duró asimismo un milenio, entre 1 y 900 d.C., las diferencias sociales se acentuaron en el ámbito religioso, manifestándose en la construcción de monumentos funerarios. Las tumbas tenían pocos elementos suntuarios; algunas contenían diademas, collares, vasijas u objetos de madera. Algunos líderes del período Clásico Regional se enterraron también con ajuares que contenían objetos de oro, aunque parece ser que el uso y la acumulación de adornos de orfebrería no fueron tan comunes aquí como en Calima. Se destaca un colgante en forma de pez alado y llama la atención un pequeño colgante similar a las estatuas de piedra, comunes en la región durante el período Clásico Regional.

En efecto, lo más notorio de este período fue que las comunidades trabajaron en resaltar el poder y el prestigio de sus caciques construyéndoles monumentos funerarios acompañados por estatuas talladas en toba volcánica y cubiertos por montículos de tierra. Estas esculturas de agresivas fauces felinas hoy hacen famoso al Alto Magdalena.

Durante el período Reciente, desde 900 a 1500 d.C., la población aumentó y continuó viviendo en las mismas aldeas, bajo nuevos líderes que basaron su poder en el control de la economía. Sus sepulturas contienen vasijas de cerámica de uso doméstico.

Muy poco es lo que puede decirse acerca de las características físicas de los antiguos agustinianos, por falta de suficientes elementos de juicio. A pesar de que algunos de los motivos antropomorfos son de notable realismo, sería en extremo aventurado hacer deducciones con base en ellos sobre el aspecto somático de estos antiguos pueblos.

Hasta hace poco los hallazgos osteológicos en la zona eran muy escasos por la alta lluviosidad y la elevada humedad ambiente de esta que no permiten la conservación de restos óseos.

Algunos arqueólogos que han visitado a San Agustín como K. Th. Preuss, basándose en las representaciones que aparecen en la estatuaria, afirma que los pueblos de San Agustín usaban vestidos de variadas formas, a saber: una falda corta, sostenida por un cinturón, como se observa en varias estatuas femeninas. En algunos casos se ve que sólo usaban las mujeres un pequeño lienzo o cubre-sexo, en forma de delantal.

Los hombres usaban a veces un taparrabo que pasaba por entre las piernas y que se originaba en un cinturón ancho del cual descendían los extremos. En ciertas figuras aparece un cordón que amarra el sexo y que remata en artístico nudo hacia el lado derecho; en otras se aprecia una banda escalonada en forma de triángulo, que sirve de cubre-sexo.

La ausencia en las tumbas de basurales, en las dos primeras fases del desarrollo cultural, de implementos relacionados con la industria de los hilados y tejidos, lo mismo que ciertos rasgos de las representaciones escultóricas, parecen demostrar que, al menos en este período, la indumentaria de los nativos estaba confeccionada con tela de corteza de árboles. El uso de los pesos o valantes sólo aparecen en lo que se puede considerar la fase tardía.

La práctica de exploraciones cuidadosas llevadas a cabos en las necrópolis de las Mesitas B y D, en el Batán y en Quinchana, permitió localizar un buen número de restos óseos en algunas tumbas, a veces casi completos como en la Mesita D y Quinchana.

Los hallazgos antedichos permiten suponer para estos pueblos una aparente tendencia a la braquicefalia notable robusticidad de los segmentos tibiales y femorales, lo que habla en favor de un fuerte complexión, y estaturas elevadas, superiores a 1,65 metros. Así lo indican esqueletos hallados en las Mesitas B y D del Parque Arqueológico y Quinchana.

Los principales adornos usados por los antiguos agustinianos fueron, entre otros, collares de cuentas de piedra, concha, semillas, hueso y oro; pulseras hechas de sartas de chaquira; narigueras de oro, unas en forma de lúnulas, otras circulares, laminadas tubulares; zarcillos de oro, unos consistentes en alambres entorchados con engarce de cuentas de cuerno o de piedras; joyeles o pendientes de oro macizo, generalmente figurando águilas o cóndores diminutos.

El uso de los adornos de oro, especialmente de diademas y colgantes o pendientes, parece haber sido un privilegio de las gentes pertenecientes a un rango elevado, bien fuera por su jerarquía religiosa, por su autoridad política o por su estatus social. De todos modos el hallazgo de esta suerte de adornos sólo se registra en tumbas que por su construcción, ubicación y ofrendas, indican que fueron destinadas a guardar los despojos de señores principales.

La práctica de la pintura corporal está reafirmada por el hallazgos que se han realizado, de núcleos de ocre de distintas coloraciones, con superficies notoriamente pulimentadas que denotan que fueron destinados a estos menesteres. Estos elementos han sido encontrados en las basuras de sus sitios de habitación y en las ofrendas funerarias. Además algunas estatuas todavía conservan pequeñas pigmentaciones rojas, amarillas y negras, lo que lleva a deducir que en una primera etapa estos monolitos estuvieron pintados de variados colores y que la pintura corporal constituyó una práctica ceremonial de mucha importancia entre la población.


Los hallazgos verificados hasta ahora demuestran plenamente que entre las actividades de estos pueblos existía la industria de la orfebrería. No alcanzaron, desde luego, los acabados productos ni las adelantadas técnicas que lograron los orfebres prehispánicos de otras regiones de Colombia, tales como los Quimbayas y los Sinúes. Sin embargo, conocieron la metalurgia del oro y del cobre, que mezclaron para hacer, mediante las técnicas de alambrado, laminado y fundición, cuentas diminutas de collar, al parecer fundidas a la cera perdida, zarcillos, narigueras, diademas y colgantes, estos últimos a veces con engarces de cuentas de cuerno o de piedras finamente pulimentadas.

La presencia de gotas de oro fundido, fragmentos de láminas, pedazos de narigueras y crisoles de cerámica, en los depósitos arqueológicos de la Mesita B, lo mismo que la identidad de algunas de las piezas halladas con los adornos que aparecen representadas en varias estatuas, demuestra claramente que no se trataba de productos de intercambio comercial, sino de una industria local, que utilizó los aluviones auríferos del Mazamorras, Naranjos y otros ríos y quebradas de la región de San Agustín, y que representó en algunos de sus productos motivaciones de acentuada significación religiosa, como son los motivos ornitomorfos.

Todo parece indicar que el trabajo de la orfebrería se inicia en San Agustín en la fase inferior, es decir, desde los comienzos mismos del desarrollo cultural. Así lo indican los hallazgos hechos en el sitio denominado Alto de Lavapatas y en estratos de la Mesita B, que han sido fechados por el sistema del Carbón 14 y que corresponden, estos últimos, a las primeras décadas de la era cristiana.

Constituyó ésta una importante actividad entre los pueblos agustinianos y sus productos tuvieron un notable uso, como se desprende de los hallazgos arqueológicos realizados por las distintas misiones que se han ocupado del estudio de esta cultura. La cerámica agustiniana se orientó principalmente a la confección de aquellos elementos de uso diario en el hogar.

Usaron la técnica de enrollado, aplicado y modelado la cual fue empleada para la elaboración de una gran variedad de recipientes y figurillas de los más diversos acabados, formas y tamaños. Para pintar usaron tintes extraídos de las plantas, aunque esto no fue muy notable ya que la mayoría de cerámicas quedaban al natural.

Fuente: www.klimanaturali.org

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